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Los «Diputados del pueblo» van contra las cabalgatas

De lo mismo diputados que ahora protegen el derecho de las mascotas de hacer reclamadas por sus dueños cuando se separen ahora una valiente diputada de nombre Cynthia Lizabeth Jaime Castillo pretende “modernizar” el uso de animales en zonas urbanas, aunque en el altiplano de Tamaulipas eso suena más a un intento de maquillar la realidad que a entenderla. Porque claro, basta con escribir “ciudad” en una ley para que mágicamente todo funcione como zona metropolitana.

Aquí no tenías el problema porque ni Jaumave, Palmillas, Miquihuana, Bustamante son «ciudades» y hasta en Tula, sería difícil calificarlo como una zona realmente urbana y donde los equinos como el caballo, el burro y la mula no son “folklor”: son lo que mueve a muchas familias. Pero según la lógica legislativa, hay que proteger a los animales y no se ve bien en el reglamento.

La propuesta habla de prohibir su uso en ciudades, como si alguien hubiera olvidado avisarle al altiplano que ya es una urbe. Porque claro, aquí las “manchas urbanas” —esas donde todavía conviven calles pavimentadas con brechas y terracerías— ahora deberán adaptarse al ideal de escritorio, donde todo mundo se mueve en carro y los animales se les debe respetar.

Entonces van contra los usos y costumbres y ¿Las cabalgatas? Bueno, probablemente habrá que pedir permiso, llenar formatos, y de paso ver si no entran también en la categoría de “problema a erradicar”. Porque nada dice “progreso” como complicar tradiciones que han sobrevivido más que muchas leyes.

La ironía raya en lo absurdo: se pretende proteger a los animales —lo cual nadie discute—, pero sin distinguir entre maltrato y uso responsable. Así, en un solo movimiento, se pone al mismo nivel al que abusa de un animal y al que depende de él para trabajar.

Y como suele pasar, endurecer palabras como “prohibir” da una sensación de firmeza, aunque en la práctica nadie explique cómo se va a aplicar en municipios donde la autoridad apenas alcanza para lo básico. Pero eso sí, la ley se verá muy bien redactada.

Al final, el mensaje es claro: el problema no es la intención, es la desconexión. Porque mientras en el escritorio se dibuja un altiplano que no existe, en la realidad la gente seguirá necesitando lo que siempre ha necesitado. Y entonces vendrá la sorpresa: que la ley no se cumple, no porque la gente no quiera, sino porque nunca fue pensada para ellos.

Pero bueno, siempre queda el consuelo de que, al menos en el papel, el altiplano ya es moderno… aunque en la vida real siga caminando —literalmente— en sentido contrario a la ley, por qué ahora son los cabalgatas al rato van a ser los jaripeos y rodeos todo sea en aras del bienestar animal de una desconocida e inverve diputada del pueblo.